

El martes por la tarde, después de comer y aprovechando que tenía mis siete minutos de descanso, me acerqué a la tienda a comprar viandas. El local estaba lleno de indecisos, a los cuales me sumé, mientras comparábamos precios y nos decidíamos entre una mísera ensaladita de tres al cuarto y una lata de sardinas, ambas desterradas al rincón de una estantería oxidada.
Por más que miraba con atención, a la par que me rascaba el bolsillo, los precios eran algo así como indecentes. Y mientras algunos susurraban lo que opinaban, como con miedo al yugo de la censura, yo trataba de imaginar lo que sería poder comprar una triste barra de pan a precio inalcanzable en época de guerra. ¡Pobres gentes aquellas que se quejaban con razón!
Pero hoy no, hoy todo es diferente, ya que al parecer no tenemos derecho a quejarnos, porque estamos equivocados. Según parece, los precios se mantienen, la economía fluye, el país crece y los sueldos aumentan…para unos pocos (que son los mismos de siempre)
Es curioso: no hace mucho me dí de morros con un revuelo en plena vía pública, que más bien parecía pecuaria por la de cabestros que revoloteaban allí. Y claro, salí espantado por si de esa vorágine se liaba alguna. Cuando llegué un poco más lejos me dí la vuelta, miré y me asombré, puesto que tal concentración se debía a un cordón de maromos, escoltando a un baranda del estado (por cierto, muy bien acompañado a ambos lados, y no digo más) saliendo de un restaurante de esos que te clavan solo por entrar.
Yo entonces me pregunté si esos emblemáticos personajes, tan necesarios para el buen funcionamiento de este país (como se puede apreciar) reservan mesa alguna vez en cualquier hamburguesería de barrio o tasca por el estilo. Me da que no. ¿Quizá es que les resulta impropio y degradante, el hecho de sentarse con la plebe a la que miente y roba con carita de buena gente? Respondan ustedes, amigos, sin miedo, por favor.
Por eso, si pasan ustedes por algún localillo mediocre, donde den avituallamiento, no teman, porque los peces gordos nadan en el mar y nosotros, en los charcos.
Al menos, eso sí, podremos alimentarnos tranquilos, sin tener que esconder la cartera y disfrutando de nuestra querida libertad de expresión.
domingo 4 de mayo de 2008
No se me quejen tanto
domingo 27 de abril de 2008
viernes 18 de abril de 2008
Tulipanes de Recoletos

El Paseo de Recoletos nos ha salido pintón. Hasta el borde de sus aceras han plantado, en manada, tulipanes. Coloridos, frondosos, incluso con telarañas en sus bordes, mezclan naranjas y verdes, esperando la ansiada lluvia que por fin aparece. Algunos tulipancillos, o la sombra que fueron en su día, agonizan su belleza y entristecen. Más secos que el ojo de la Inés, contemplan la vía por la que se transita con prisa, soportando los tubos de escape y este tiempo loco.
Visto de lejos, reconforta.; de cerca, inspira lástima. Sus cálices se arrugan cual morro de mileurista, a la par que sus estambres, antaño la mar de tiesos. De corolas alechugadas y gineceo ya infértil, apechugan con elegancia su inevitable destino.
¡Pobres flores las de Recoletos!
jueves 17 de abril de 2008
El energúmeno

¿Quién no soporta a un energúmeno a día de hoy? ¿Es posible que alguien se libre de semejante mojón? Creo que no. La semana pasada, sin ir más lejos, se me quedó un tipo mirando mientras hacía una foto. Y mientras componía el plano, se arrimó y me dijo con reaños:-“¡oiga, oiga!, ¿se puede saber qué hace? – Y yo, finamente, me volví y espeté –“¿A usted qué le parece? Tengo una cámara…apunto con ella… no hay que ser muy listo” - y volviéndome de nuevo, seguí con mi tarea. El individuo, no contento con mi argumento, me suelta que no estaba permitido fotografiar aquello( que no era otra cosa que una obra con andamios y todos sus archiperres) Y mientras elevaba el tono, yo seguía con lo mío y mucha guasa. Estaba visto que aquel hombre poco tenía que hacer y, colmado de aburrimiento, creyó encontrar medicina para calmar su locura.
Queramos o no, todos tenemos a alguien cerca con las características propias de un energúmeno. Ese ser, infame en sus formas y en lo que sigue, de innoble mirada encerrada en su testa de mal forraje; elemento de apodo execrable y fatal apellido, goza sin falta de atenciones inacabables al pésimo gusto. Se le intuye, se le huele, desde distancias de asombro, estriñendo la espera con fecalotas de desgana.
Mareante, se aproxima, teniendo la corta distancia en mitad de un escaqueo, el nuestro, que es inútil. Aburre, entorpece, revienta y jode.
Vulgar recipiente de ideas sin reciclar, de cojos conocimientos en buenas maneras y elevada pedantería que hiere hasta al más insensible. Es el sebo de la chuleta barata, antídoto del bienestar, origen de la náusea y un verso de pobres rimas.
Es una sombra oscura en las ciénagas de lo esperpéntico, elemento aborrecible que inspira tristeza primero y la gran arcada después.
Ahora, más tarde o mañana, nos tocará el papelón del aguante, de las miradas al techo y la mente en otra parte; de los oídos sordos ante ciertas borregadas, y de zurcirnos la lengua por no escupir improperios.
Somos educados, pacientes, normales. Se abre el telón y allí está, con su sonrisa de sapo y grotesca silueta, en cada parte y lugar, allá donde nos encontremos; en la cola del cine, vendiendo limones o tocando los timbales en El Retiro. El energúmeno muestra el peor de sus dos malos lados, dando pie a nuestro cabreo, susto y asco. Este individuo siempre cercano, más que eso, pegado. Víbora pestilente de mala saña, y no Manuela; par de patas insultantes que se cuelan hasta el fondo a cada paso que dan.
Resumiendo: por más que nos esmeremos en hacer una vida al margen de esta lacra, siempre encontraremos, pegado como una lapa viscosa y a pesar de los ascos escuetamente vencidos, el temido energúmeno.
He dicho.
martes 15 de abril de 2008
domingo 13 de abril de 2008
Talleres y cabestros
¿Qué parecido razonable puede existir entre un vehículo automóvil y una fruta?¿Y qué similitud puede haber entre un dependiente y un cabestro?
Pues señoras y señores, aunque parezca mentira, la realidad es concluyente: muchas.
Si tenemos en cuenta que mi cochecito es un utilitario de andar por casa (mejor dicho, por la rue) y que no tiene grandes prestaciones como las de gama alta, quizá sea por eso que la atención que se recibe en algunos lugares es más bien nefasta. De ahí que haya otro parecido, entre un taller que se precie y un antro de lo más vulgar.
Si además contamos con que no dan ni una con las reparaciones, tras llevar el coche más de siete veces, para lo cual, lo único que hacen es gastar combustible (supuestamente para comprobar ese arreglo que nunca llega), es intolerable. A todo esto, yo me pregunto: ¿qué puede comprobarse con el rodaje de un vehículo ajeno haciendo casi doscientos kilómetros, que no pueda averiguarse consumiendo la mitad?...ese es otro de los expedientes X.
El trato recibido, encima de las molestias ocasionadas y de soportar el cachondeo que se traen algunos con los clientes, es como para vomitar. Porque es cierto que cada hijo de vecino tiene sus problemas pero, eso de aguantar las malas maneras de un energúmeno, que para colmo se auto-titula como “jefecillo de taller”, ya es de risa.
Bueno pues, respondiendo a la primera pregunta, creo que mi coche tiene que ver con los cítricos, por eso de los parecidos lingüísticos (que no es por nada, pero es lo que viene siendo un limón – que vaya nombrecito). Y en cuanto a la segunda, no hace falta ir al campo para ver cabestros; en las zonas más vacías del sur madrileño (sin ir más lejos, Rivas Vaciamadrid, por si alguien no pilla el juego de palabras) reptan lo suyo.
Después viene la desternillante atención al cliente que, cuando uno trata de quejarse, recibe largas (y no hablo de luces, porque está visto que allí tienen muy pocas). De nada sirve contar lo acontecido a la telefonista de turno, ni escribir la indignación y enviarla por email, porque a lo máximo que llegan es a tirarse la pelotita de unos a otros; una vergüenza.
En fin, queridos amigos…si quieren un consejo, elijan bien su coche, pero también dónde van a acabar llevándolo. Esto es como la casa adquirida, que viene con los vecinos colgando; hay que tener cuidado.
viernes 11 de abril de 2008
Arte en plena calle


El arte es un amanecer, la caída de una hoja, una sinfonía lejana, un suspiro. El arte son tantas cosas que enumerarlas nos llevaría una vida entera. Quedarse atónito contemplando un lienzo, una pieza que ha cobrado vida o un conjunto de notas musicales, no es otra cosa que sentir cómo un hilo de luz nos atraviesa y, con sumo cuidado, nos convierte en parte del arte en sí mismo.Asesinos de focas en Canadá




Ayer se formaba una concentración de manifestantes en Madrid, frente a la Embajada de Canadá. Los allí asistentes, protestaban contra las matanzas indiscriminadas de focas, sin obtener, como es lógico, respuesta alguna. Y a pesar del griterío, altavoz en mano, que se podía escuchar desde larga distancia, ni una sola palabra salió en defensa de la parte contraria, es decir, de la Embajada en cuestión, como era de esperar.
Con firme voz y frases como “hijos de puta” o “cobardes asesinos”, la gente coreaba con indignación. Las fotografías impresas en las pancartas que se alzaban, mostraban con increíble crudeza lo que queda de esos pobres animales que, indefensos, mueren a manos de unos mierdas a base de palos salvajes.
Tanto los que masacran a las focas (y animales en general) como los que trafican, venden y se lucran con las pieles y, posteriormente los que se embuten en ellas para lucirlas, son todos ellos, del primero al último, unos PEDAZOS DE MIERDA.
La ley debería actuar con firmeza en cosas como esta y, no solamente en lo que le conviene. A todos esos asesinos que despellejan a los animales cuando aún están vivos, que los matan a palos mientras intentan escapar inútilmente, a todos esos, quisiera hacerles lo mismo. Hace falta ser un HIJO DE LA GRANDÍSIMA PUTA para hacer eso. A esa gentuza le deseo lo peor. Y si a todo cerdo le llega su San Martín, sin duda alguna que esos desgraciados pagarán por todo ello.
sábado 5 de abril de 2008
Todos a la calle
Llega el fin de semana, que para algunos comienza el viernes al medio día y, sin pensarlo demasiado, uno se planta en las grandes superficies o en las zonas más comerciales de la ciudad. Madrid es una gran bola, una telaraña donde todo cabe y el que se siente atraído se queda pegado. Esta urbe, mezcla de culturas e idas y venidas de todas clases, presume de tener un descanso cero y, hasta las horas más desorbitadas se dibujan con la “J” de jaleo.
A todos nos gusta escapar y, muchas de esas veces por necesidad. La compra de la semana la hacemos el sábado y, de paso, chismeamos por la calle para ver si encontramos algo que nos haga gracia. Queremos olvidarnos de los malos rollos; del puñetero jefe que siempre está dando gritos y, nos ameniza la semana con sus malas caras; de la casposa insignificancia de nuestros sueldos y lo poco que duran; de los marrones que nos comemos, a veces sin anestesia; de los problemas personales que siempre crecen en cada grieta de la vida; y más.
Deseamos evadirnos, ocultarnos al menos por dos miserables días de esa realidad que nos agobia y, en ocasiones, nos asquea. Y por tanto, ¿qué hacemos?...pues nos vamos a dar una vuelta, a salir a donde sea para olvidarnos de tanta negatividad y, el más afortunado, a disfrutar de las sonrisas de quien más quiere. Salimos a las calles, a llenarlas más aún, a convertir el asfalto y las aceras en tupidos mantos de carne y pelos, consumiendo muchas veces más de lo que nos podemos permitir.
Así son las cosas…y así se las hemos contado.
viernes 4 de abril de 2008
Soledades y miradas maliciosas
Anda que…la que se ha armado con la foto de Zapatero y sus soledades.¡Pero señoras y señores, por el amor de Dios! ¿acaso pasa algo por quedarse un pelín apartado del resto?...¿no se han despegado nunca ustedes de los demás en algún guateque o similar?
Fíjense, por ejemplo, en la tesitura de nuestro querido Alcalde y, cómo se aleja, con innegable elegancia del resto. A simple vista, puede parecer que los asistentes osan hacerle el vacío pero…¡nada de eso!. Lo que el caballero hace es estudiar, psicoanalizar a todo aquel que contribuye a formar el grupillo.
No sean ustedes mal pensados.
martes 1 de abril de 2008
Madrid es una ciudad limpia
Dicen las malas lenguas que Madrid es una especie de vertedero, una pútrida ensalada de porquerías que nada tiene que envidiar a las más profundas cloacas; en definitiva, una alcantarilla ramificada que extiende sus brazos más allá de nuestros sentidos.Yo creo que se exagera con tanta afirmación barata, con tanta parafernalia que a lo más que nos lleva es a crear nuevas discordias.
Es cierto que ciertos entornos de nuestra gran ciudad necesitan, a nivel de extrema urgencia, unas cuantas reparaciones, como el trazado de las calles, las avejentadas fachadas, purificar ambientes algo irrespirables o algún que otro lamecaldos. Pero de ahí, a decir que vivimos en un estercolero, ya son ganas de meter cizaña.
Por eso quiero deleitarles con una foto que pillé por sorpresa, una de tantas imágenes que se cruzan de pronto ante la cámara y esta, con maravillado asombro, la recoge con sumo cariño.
Como se puede apreciar, el aire puro se respira a través de la pantalla, los pajaritos revolotean en lo alto y el verdor de las praderillas reluce de manera constante. Un primor inolvidable; una increíble estampa para recordar.
domingo 30 de marzo de 2008
Abandonados
No se de qué me extraño cuando veo un animal suelto cruzando la carretera. Digamos que hay individuos desalmados, elementos sin conciencia y tipejos sin escrúpulos; abominaciones de la vida que son capaces de hacer mucho mal.
Llegado el verano, que por desgracia llega antes y con más fuerza, son miles los animales que se abandonan en gasolineras, parques, o sitios muy apartados. Y si digo que no me extraño es, sencillamente, porque eso mismo se hace, aunque parezca una barbaridad, con personas ancianas, lo cual convierte este hecho en algo tan asombroso como vomitivo. Por tanto, quien es capaz de echar de su vida a una persona de tan infame manera, no me extraño de quienes lo hacen con animales.
Me contaban que en ocasiones, un coche cualquiera se detiene en un camino, abre la puerta y deja salir a la mascota, abandonándola. El animal, que casi siempre es un perro, no sabe qué sucede y corre tras el vehículo, quizá creyendo que se trata de un juego. Pero a medida que ese coche alcanza más y más velocidad, el animal se queda atrás hasta que ya deja de ver a sus amos, que le han abandonado a su suerte. El perro quizá se pregunte qué es lo que pasa, por qué se ha quedado solo, sin su familia, sin las personas a las que quiere y por las que lo daría todo. Y allí se queda, esperando inútilmente a que regresen por él, sentado en una cuneta.
Cuando ve que a lo lejos algo se acerca, mueve el rabo con felicidad y se lanza en busca de lo que piensa que son los suyos, pero no. En vez de eso, un coche desconocido no puede sortearle y, arrollándolo, lo mata.
Pero los que sobreviven de milagro, habiendo sido atropellados o por hambre y sed de varios días, es posible que tengan la suerte de que alguien los recoja y los lleve a algún centro de ayuda. Los demás, y son muchos, no lo consiguen.
En esas miradas tristes que se pueden apreciar tras las jaulas de dichos centros, reside la pena de animales que un su día, más que mascotas fueron caprichos de mal nacidos que optaron por el camino fácil. Animales que desean que alguien les quiera de verdad, dispuestos a dar su vida por un poco de cariño; justamente lo que les negaron.
No hay derecho; la ley no recapacita, pues todo el mal que hacen aquellos que abandonan animales, deberían recibirlo por triplicado. Es una cobardía que aún hoy se sigue permitiendo, a pesar de esos cuentos chinos que intentan que nos traguemos. No se hace nada. ¿De qué sirve que impongan multas irrisorias en muchos casos o supuestas penas de cárcel? Si hay asesinos y violadores sueltos por las calles, no se de qué nos podemos extrañar. El salvajismo continúa reptando en esta sociedad y, sinceramente, tanta culpa tiene quien abandona a un animal como el que no hace nada por evitarlo.
Ojala que esto pare algún día, porque son demasiados los que se dedican a hacer estas cosas. Y falta muy poco para el temido verano, cuando crecen estas barbaries porque las vacaciones parece que son lo primero.
Este es un mensaje para quien tenga que tomar la determinación que sea necesaria y, acabar de una vez por todas con esta lacra. Está visto que las conciencias no abundan y, menos aún la de esos hijos de puta que no merecen otra cosa que recibir los palos de una ley justa y valiente, si es que algún día esa supuesta ley, se atreve a dar la cara ante este problema como en tantos otros.
Un Nuevo Blog Indispensable
Aquellos que nos movemos por estos ciber-lares, tenemos el privilegio de contar con el recién llegado Chischil, que sin duda despertará enorme interés entre todos.Una visión diferente que nos transportará a tiempos de antaño y, del que sin duda alguna aprenderemos mucho.
Bienvenido amigo blogero, por ofrecernos esta panorámica cultural. Para los que ya te conocemos, estamos más que convencidos que tu experiencia periodística logrará sorprendernos un poco más cada día.
sábado 29 de marzo de 2008
La ciénaga del Manzanares




Cuenta la leyenda que un Señor con poderío, de cuyo nombre no quiero acordarme, prometió el oro y el moro con total convencimiento. Y a modo de juramento y empeñado hasta las cejas, arrimó el hombro en las mejoras de un gran reino en expansión.jueves 6 de marzo de 2008
lunes 25 de febrero de 2008
lunes 18 de febrero de 2008
sábado 16 de febrero de 2008
Jack y sus penurias
El pobre Jack quería comprarse un helado de piña, pero no pudo. Buscó y rebuscó en sus raídos bolsillos de fieltro, pero nada. Ni una triste telaraña dejó su huella en tan recóndito lugar.
Jack se sentó en un banco, mientras veía la gente pasar, cada uno con sus vidas, sus problemas y sus cosas. Y mientras clavaba con atención su mirada en los gentíos, su estomaguillo le gritó de manera autoritaria: - ¡Oye, tú!, ¡que tengo hambre!...¡a ver qué pasa aquí! - Pero Jack poco podía hacer, sobre todo porque la escueta paga que recibía a cambio de deslomarse, la echaba en un saco sin fondo llamado “HALGA”. Y claro, como es natural, más de uno se preguntará que demonios es eso. Pues ni más ni menos que Hipoteca, Automóvil, Luz, Gas y Agua (HALGA). Y eso es lo que la mayoría de las veces tenía que zamparse el pobre infeliz: un alga nada sabrosa para sobrevivir, con un mendrugo de pan prieto del día anterior.
La vida en sí misma es una prueba de supervivencia. En la selva, solamente los más fuertes continúan adelante; en la urbe, los más ricos. Eso es así y, según pinta todo, así seguirá siendo. Y aunque los últimos serán los primeros y, el que ríe el último ríe mas fuerte, a Jack ni pizca de gracia le hace ir lampando por el mundo, con esa nube de tristeza lloviendo sobre tus hombros.
Jack sigue soñando con un día diferente, con un despertar. Imagina embobado lo bonito que sería su mundo, si no tuviera que renunciar a tantas cosas, ni darse la vuelta al abrigo para que parezca otro, ni freír los huevos con saliva. Pero Jack es eso, un soñador. Y ha escalado tan alto hasta su nube que el día que se caiga, no lo contará.
El caso de Jack es el de una mayoría que malvive, que se queja en voz alta pero nadie escucha, que se asquea nada más comprobar que todo esto no es una pesadilla. La realidad está aquí: se llama morro y, más de uno debería levantar su pie porque se lo está pisando.
Ella
A los pies de un castillo me apresuré a guarecerme de la lluvia. Una desapacible tarde de enero, caprichosa de ofrecerme el mayor regalo conocido, se aliaba con el destino. El lejano eco que el agua de una fuente tejía en el aire, rezaba cánticos de silencio al son de mil lágrimas caídas del cielo. Mientras, soportaba la espera con el frío como única compañía, enredando pensamientos agolpados en cada rincón de mi ser. El tiempo, enmarañado de soledades y abandonadas tristezas, cubría de grises lamentos las copas de jóvenes arboledas. La escasa luz que iba quedando, escarchaba los paseos sin querer mirar hacia atrás. Y evitando contar los segundos, todo oscureció. Bajo las gélidas piedras de aquel templo colosal, soñaba. Rasgando el horizonte, distinguía los destellos en los pálidos entornos donde todo acaba. Degradando el aire, la noche entraba sin permiso. Como por arte de magia, millones de pequeñas luces comenzaron a encenderse, una tras otra, mientras la sombra que rompía un resplandor lejano, anunciaba que mi sueño era capaz de cumplirse. Algo nacía y yo estaba allí para sentirlo. Era ella, silenciosa, preciosa y perfecta, aproximándose. Reviviendo los entornos de su letargo, los pájaros en lo alto se mezclaron con las sombras anunciando su llegada. Surgió de entre la niebla y me esperó, mientras bajé la escalinata en su busca. Y sus ojos me hablaron, incesantes y certeros, permitiendo que el olvido se adueñase de todo lo demás. Rompiendo el miedo en mil pedazos llegué a su lado y, abrazando su contorno hallé cuanto yo deseaba. Mi vida se unía a la suya, por fin, tras mucho tiempo de espera. Quise guardar el instante, esconderlo en mi memoria, sellarlo a fuego. Comencé a entender que desde ese momento, mis pasos y los suyos caminarían juntos.










































































